El otoño y el arte de nutrir el cuerpo

Cómo cuidar tu energía según el Ayurveda

Con la llegada del otoño, algo cambia en el aire.

Las mañanas se vuelven más frescas, el viento más seco,
y el cuerpo comienza a pedir abrigo, descanso y comida tibia.

Las estaciones no solo transforman la naturaleza: también nos transforman a nosotras.
El cuerpo, la piel, el ánimo, el sueño… todo se ajusta a un nuevo ritmo.
Y cuando aprendemos a acompañar esos cambios con conciencia,
el bienestar deja de ser una meta para volverse una forma de estar en el mundo.

El otoño y la energía Vata

En Ayurveda, el otoño es la estación de Vata, el dosha del aire y del movimiento.

Su energía es liviana, seca, fría y cambiante,
como las hojas que se desprenden, como el viento que sopla sin dirección fija.

Yo también tengo Vata en mi constitución,
y lo siento apenas cambia el aire:
mi mente se acelera, el sueño se vuelve más liviano,
y a veces me cuesta mantenerme enfocada.

Aire con más aire puede ser inspiración, sí,
pero también dispersión, cansancio y exceso de movimiento.

Por eso aprendí —y enseño— que el otoño no se trata solo de abrigarse por fuera,
sino de anclarse por dentro,
de cuidar el fuego interno que nos da calor, calma y claridad.

  1. Comer tibio, simple y con amor

El fuego digestivo (Agni) necesita cuidado en esta época.

El clima seco y fresco puede apagarlo, generando cansancio o digestión lenta.

Elige alimentos calientes, suaves y nutritivos:
sopas, guisos, cremas de verduras, compotas de frutas, cereales cocidos.
Incorporá especias que despiertan el fuego interno —como canela, jengibre, comino o cardamomo—
y grasas saludables como ghee, aceite de coco o sésamo.

Cocinar lento, con intención, también es una forma de meditar.
Cada plato puede ser un recordatorio de abrigo, de presencia, de amor.

  1. Cuidar la rutina como refugio

En tiempos de viento, la rutina es abrigo.
Vata se equilibra con estructura, calidez y repetición amorosa.

Dormir antes de las 22 h, comer siempre a la misma hora,
evitar pantallas antes de dormir y mantener espacios de descanso son prácticas sencillas
que devuelven estabilidad al sistema nervioso.

Un gesto ancestral y profundamente sanador es el auto-masaje con aceite tibio (abhyanga).
Nutre la piel, calma la mente y ayuda a anclar la energía en el cuerpo.

Basta con unos minutos antes del baño para sentir la diferencia.

Cuando el cuerpo se siente cuidado, la mente se aquieta.

  1. Calmar la mente con presencia

En otoño, la mente tiende a moverse tanto como el viento.

Por eso, este es el momento ideal para volver a la respiración,
a los rituales que calman, a la quietud.

Las infusiones calientes, los aromas suaves, la escritura o la meditación guiada
son herramientas simples y profundas para reencontrar equilibrio. 

En mis acompañamientos ayurvédicos, siempre propongo integrar estas pausas de manera personalizada,
respetando el ritmo, la energía y las necesidades de cada persona.

El Ayurveda no impone hábitos: enseña a escucharse.

Y cuando aprendemos a detenernos unos minutos al día,
la vida vuelve a tomar un pulso más natural.

  1. Volver a la tierra

El otoño nos enseña a soltar.

A dejar caer lo que ya cumplió su ciclo,
y a nutrir lo que queremos que permanezca.

Si escuchamos su ritmo, descubrimos que también dentro nuestro
hay hojas que necesitan caer, y raíces que merecen ser fortalecidas.

El bienestar no es una lista de hábitos,
sino una relación viva con la vida misma. 

Y en esa relación, el cuerpo siempre sabe.
Solo necesita que volvamos a escucharlo.

 Una cucharada de bienestar a la vez.

Con cariño,

Erika Schnöller
Creadora de Sabia Cuchara · Acompañamiento ayurvédico para mujeres +40